Me gusta la vida enormemente. (Artículo)
Por Edinson Martínez Instagram Hay quienes dicen que es una de las ciudades más bellas del planeta, refugio de poetas y escritores de todo género. Es la cuna del impresionismo y no hay manera de evitar a los pintores que, en sus espacios ya tradicionales, aguardan el ojo del comprador de ocasión. No será probablemente el paraíso terrenal, pero suele citarse como el lugar más cercano a este y que muchos han soñado con visitar en algún momento de sus vidas. París es de un color plomizo en otoño, con un frío modesto que le abre las puertas al invierno. Los bulevares, alfombrados por las hojas secas de los castaños, exhalan un aroma a café tostado, pavimento húmedo y romanticismo añejo que embriaga a los recién llegados, como fue mi caso, envolviéndolos en una melancolía que parece inherente a la arquitectura misma de la ciudad. “Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París -y no me corro- tal vez un jueves, como es hoy de otoño…”, escribió Césa...