Liberación. In memoriam Luis Goytisolo
El
libro cuya foto original acompaña estas breves notas es Liberación, un nombre sugerente para quien, en cierto momento,
esos temas relativos a la libertad o liberación de lo que fuera, siempre y
cuando consistiera en algún derecho humano, los tenía con preferencia entre sus
lecturas. Así que enseguida me detuve a examinar su índice y sus primeras
páginas; noté de inmediato que era una novela, entonces ya no dudé: lo compré y
me lo llevé a casa para leerlo a la primera oportunidad. Esa ocasión, cosas del
destino, llegó hace muy poco, apenas un mes antes del fallecimiento del autor;
caprichos del azar, como tanto y de forma similar me ha ocurrido en muchas otras
cosas.
Es
una obra de comienzos del presente siglo; por tanto, reúne la atmósfera de
ciertos detalles tecnológicos que la vida cotidiana ha asimilado como si
siempre hubieran estado con los humanos. Al concluir su lectura, sentí que la
sinopsis de la edición de 2003 de Santillana Ediciones Generales no interpreta
fielmente su contenido; no tengo explicación para eso. Desde mi apreciación,
naturalmente subjetiva, aventuro una primera opinión sobre la obra: es una
novela de prosa directa, casi reporteril, que sin embargo posee asaltos
reflexivos, un estilo con el cual tengo una especial identidad.
Y
aquí me detengo para comentarles, con la brevedad a la que obliga un texto de
esta naturaleza, algunos aspectos de la vida del escritor español. Nacido en
Barcelona en 1935, en los prolegómenos de la Guerra Civil, Goytisolo fue un
hombre políticamente incómodo. Esto lo llevó a la cárcel de Carabanchel en 1960
durante la dictadura franquista, una experiencia que marcó profundamente su
semblanza y estilo. Liberación recoge
en cierto modo —como también lo noté en Juan Marsé con Últimas tardes con Teresa— esa flama interna por reclamar la
libertad no solo como un derecho político, sino como una premisa inseparable de
la condición humana.
Luis
Goytisolo inició su carrera literaria con Las
afueras (1958), una novela catalogada dentro del realismo crítico y
testimonial, marcada por ese mismo pulso reporteril antes mencionado; de ahí
que afirme que este rasgo es, precisamente, parte esencial de su naturaleza
narrativa. Más tarde, el autor incorporó asuntos concernientes a la complejidad
humana, un territorio donde la escritura se resiste a la linealidad del mundo.
Por eso fue un rebelde de las letras: su literatura se erige como un intento
permanente por interpelar nuestra propia cosmovisión. Quizás suene rudo
decirlo, pero este autor escribe para personas inteligentes.
“El interlocutor
Hay
guerras que consisten en reducir las ciudades a montones de ruinas. Pero cuando
no es así, cuando no caen bombas, la gente ni se entera. Las explosiones de
coches y los atentados ya no le dicen nada. Aquí, en cambio, en el campo, la
guerra se vive como uno de esos temporales que, de la noche a la mañana,
trastorna los planes de todo el mundo. Aquí siempre hay un antes, un durante y
un después. Luego los jóvenes se creen que todo ha sido siempre igual a como es
ahora, dijeron, pero nosotros sabemos que no es así.
Después
de la liberación, el modo de vida cambió sin que ni siquiera nos diésemos
cuenta, tal vez porque nadie lo había anunciado, porque nadie había ordenado
que cambiase. Vallfranca pareció olvidar
que siempre había vivido del campo y los jóvenes se fueron a trabajar al
Polígono. De ahí que ahora no sepan distinguir un árbol de otro, una planta de
otra, y sin embargo manejen los móviles y el ordenador como si no hubieran
hecho otra cosa en su vida. Al campo no salían ni para pasear, salvo algún que
otro domingo, en pandilla, con sus motos todo terreno, levantando tal polvareda
que parecía que los antiguos sembrados estuvieran ardiendo. La verdad es que
todo el mundo se acostumbró a la buena vida. Los únicos que no se aclaraban con
el móvil eran los jubilados”.
— Luis Goytisolo, Liberación. Santillana Ediciones
Generales. Abril de 2004, págs. 46 y 47.
Al
escritor no le sorprende la muerte, después de una larga vida nada abismaría a
quien ha visto correr tanta agua bajo el puente durante una época que ya se
extingue, en cierto modo, poco a poco nos vamos transformando en seres del
pasado —es inevitable —,
y creo que eso lo intuía, expresándolo con fuerza en el desarrollo de su
prosa. Su fallecimiento es la
consecuencia ineluctable del tiempo; su verdadera emancipación ocurre en el
texto. Goytisolo nos deja sus asaltos reflexivos para continuar interpelando la
cosmovisión de quienes, desde esta orilla, seguimos entendiendo la literatura
como un acto de resistencia intelectual, de trascendencia existencial. Así que
no deseo para él que vuele alto porque no es un ave, tampoco remito a su
siembra, como ahora se suele mentar el hecho natural de morir, tal como si los
humanos fuésemos un árbol. Prefiero en su lugar darle las muchas gracias que merece por hacernos compañía en este único y
maravilloso viaje en que consiste la vida.
“El tríptico de las postrimerías
Había soñado que, con tanta alegría como sorpresa,
dado lo insólito del espectáculo, contemplaba el atardecer desde una costa
rocosa, con un sol rasante que, colándose por debajo de una nube, teñía el aire
de dorado. El mar se extendía con ligereza, como movido por el reflujo de las
mareas, y las fachadas de un grupo de casas de pescadores aparecían
particularmente iluminadas”.
— Luis
Goytisolo, Liberación. Santillana
Ediciones Generales. Abril de 2004. Página 200

Comentarios
Publicar un comentario