Al otro lado de la ventana. (Crónica)
Por Edinson Martínez Instagram Cuando cruzamos la última sección de aquella tenebrosa cárcel para ir directamente al área de visitas, en el patio interior que en torno a ella se conformaba, el tremedal de personas parecía una ciudad tras las rejas. En efecto, era eso, un tránsito sin rumbo fijo en el que los presos se movían entre los extremos del recinto con un propósito incierto. Así recuerdo aquel lugar cuando al asomarme por la única ventana de la recepción de reos, increpado por una voz desesperada que venía desde lo profundo de la adversidad pronunciando mi nombre con insistencia, pude verlos deambulando erráticamente. Era una voz sin fuerza, como apagada, algo ronca, pero claramente perceptible entre el rumor de aquella mañana ruidosa, caliente, como todas las de ese infierno, y pegajosa por el calor húmedo de la estación, en cuyo sopor se alzaban los olores pestilentes del desaseo y los humores ácidos del desamparo. Probablemente haya sido un lunes, o un viernes, poco importa,...